UNA SENSACIóN LLAMADA FLAGG

Estados Unidos ya trabaja en Las Vegas con la vista puesta en unos Juegos Olímpicos de París en los que tiene tres misiones: dos básicas, ganar el oro para mantener la supremacía olímpica (pleno desde el patinazo de Atenas 2004) y, de paso, para vengar el orgullo herido tras el cuarto puesto (sin medalla) de una versión menor del Team USA en el pasado Mundial. Al margen de esas dos, vinculadas a un título para el que es favoritísima, Estados Unidos tiene la obligación, o así se ha planteado este campeonato, de demostrar que siguen siendo los mejores con cierto margen.

Para ello, para que vuelven el polvo de estrellas y los posters en las habitaciones, han reunido a un equipo que es el mejor de su historia por volumen de selecciones para el All Star y los quintetos All NBA. Uno que parece superior a las versiones del Redeem Team, las de 2008 y 2012, y que muchos ya comparan con el inolvidable Dream Team de Barcelona 92. Para que ese debate siga en pie tiene que hacer algo más que solo ganar en París. Y, desde luego, pueden conseguirlo porque el equipo es uno de esos que recordaremos siempre, histórico: Stephen Curry, Jrue Holiday, Tyrese Haliburton, Anthony Edwards, Devin Booker, LeBron James, Kevin Durant, Kawhi Leonard, Jayson Tatum, Anthony Davis, Bam Adebayo y Joel Embiid.

Pero en los vídeos que llegan de los primeros entrenamientos en Las Vegas, el nombre que más destaca no es el de ninguna de esas doce megaestrellas. Lo que más circula son las acciones de un chico de 17 años contra algunos de los mejores defensores de la NBA en los últimos años: un triple por encima de Anthony Davis, un reverso contra Jrue Holiday, un mate en palmeo ante Bam Adebayo…

Ese chico es Cooper Flagg (Newport, Maine, 21 de diciembre de 2006), el jugador total que irá a Duke y que apunta a número 1 del draft de 2025 y a uno de esos proyectos de estrella tan imponentes que provocará tankings descarnados, carreras frenéticas por ese 1 del draft. Ahora, Flagg, que ni siquiera ha debutado todavía en college, forma parte del Select Team, el equipo sparring que trabaja junto a la selección estadounidense para ayudar en los entrenamientos y partidillos. “Es una gran oportunidad, para mí es una bendición estar aquí. El nivel físico en el que se entrena, ver el techo al que quiero llegar… hay muchas cosas en las que tengo que mejorar, mucho margen para crecer como jugador. Estar aquí con estos jugadores me demuestra cómo de importante puede ser cada detalle”, aseguró después de que su despliegue contra los mayores se hiciera viral el lunes por la noche.

Jamahl Mosley, el entrenador de los Magic que dirige al Select Team en Las Vegas, no se quedó corto al hablar de la exhibición de su chico: “Ha pateado unos cuantos culos. Hay un factor de respeto ahí. Hay gente que no le había visto jugar ya sabe lo que es capaz de hacer”. Y no es lo normal: ningún de universidad había entrado en el Select Team desde Doug McDermott y Marcus Smart en 2013. Flagg ni siquiera ha jugado en universidad todavía. La selección oficial ganó por los pelos (74-73) gracias a un tapón final de Anthony Davis, y jugadores como Devin Booker se rindieron a la intensidad del chico de 17 años: “Realmente fue a por todas. Esta experiencia le va hacer todavía mejor”. También Jaime Jaquez Jr, que brilló como rookie con Miami Heat y también forma parte del Select Team: “No tiene miedo, es increíble ver lo que hace sin haber jugado siquiera un partido de universidad. No baja el ritmo nunca, tiene un enorme deseo de ganar siempre. Y no tiene que tener la bola para ser decisivo, encuentra formas de hacerlo, y la bola le acaba llegando. Eso, ese feeling por el juego, no se enseña”.

Flagg mide 2,08 y cerró curso en la prestigiosa Montverde Academy sin una sola derrota y con título nacional. En 2017 guio a EE UU al título en el Mundial Sub-17, en Málaga, y fue elegido Jugador del Año antes de elegir Duke por encima de la oferta de UConn, la que ahora es doble campeona en la NCAA. El Select Team solo es otro paso más para él, pero uno que valora mucho: “Estaba en shock cuando me llamaron, sorprendido y muy emocionado. Muy agradecido por estar aquí y poder demostrar cómo juego y, sobre todo, poder aprender. Eso es lo más importante: aprender y crecer, compartir cancha con estas leyendas. Es una oportunidad maravillosa”.

Hace años que Flagg es uno de esos nombres que los aficionados al baloncesto tienen memorizado. Para muchos analistas, de hecho, es la nueva gran sensación, el siguiente fenómeno después de Victor Wembanyama. El salto de 2023 a 2025 después de un draft de 2024 en el que no parece que haya un pico muy alto de talento, al menos para los que esperen estrellas importantes (y a priori, siempre solo a priori).

Flagg tiene todavía 17 años. Como nació el 21 de diciembre (en 2006), ha vivido a caballo entre dos generaciones académicas, lo cual a efectos deportivos le situaba en una ruta u otra, siempre con la NBA como destino final. Pero hace casi un año tomó una decisión trascendental, una que metió su futuro en un carril de aceleración: cambió su año su graduación en el instituto a 2024, y no a 2025, y por lo tanto adelantó todo un año. Va a ir a college en 2024 y, por lógica, a la NBA en 2025 y no, como parecía encaminado hasta entonces, en 2026. Y si no pasa nada muy raro será número 1 del draft, claro.

A nivel académico, esa decisión le obligó a concentrar el trabajo y los resultados de dos años en uno, algo en la que ya tienen experiencia en su instituto, foco de atracción de grandes promesas del baloncesto. Los últimos antes de él, Jalen Duren y R.J. Barrett. Nacido en Maine, Flagg ha jugado en el prestigioso Montverde Academy de Florida, un equipo que partía (y cumplió, dese luego) como número 1 en el ranking nacional para la pasada temporada (en el nivel high school), un curso en el que Cooper Flagg convenció definitivamente a todos los expertos de que es el siguiente gran jugador, la nueva gran sensación del baloncesto estadounidense. Venía de un verano en el que había dado pasos de gigante para ello en el circuito EYBL Sub-16 de Nike. Fue MVP con promedios de 26,8 puntos, 13,4 rebotes, 4,7 asistencias, 5,2 tapones y unos porcentajes excelentes: 58% en tiros de dos, 37% en triples y 85% desde la línea de personal. Como jugó en su zona, en Maine, no tenía delante la competencia más dura posible. Así que algunos esperaban a ese siguiente paso, en Monteverde, para elevarlo a los altares del estrellato inevitable. Y no ha decepcionado. En su segundo curso allí ha sido McDonalds’s All American, Jugador Nacional del Año, Mr Basketball USA y ha promediado 16,4 puntos, 7,5 rebotes, 3,8 asistencias y 2,7 tapones. Su equipo ha firmado un balance perfecto: 34-0.

Un salto al futuro en la NBA

Con aquel cambio, Flagg adelantó su año en college, donde tendrá el reto de rendir con mucha expectación puesta en él y con solo 17 años, un hándicap sobre todo en lo físico. Este acelerón salió mal a jugadores como G.G. Jackson o Emoni Bates, que pasaron de aspirantes a top 5 a irse a la segunda ronda del draft. Pero fue bien, muy bien para Jamal Murray, R.J. Barrett, Anthony Edwards. Shaedon Sharpe y Jalen Duren aspiraban al número 1 de 2023. Adelantarse a 2022 no les penalizó de forma dramática: fueron 7 y 13 en 2022. La ventaja, claro, es obvia: se llega a la NBA un año antes así que llegan un año antes los contratos profesionales, las futuras extensiones y las grandes oportunidades publicitarias.

Flagg es desde muy joven un extraordinario jugador defensivo: mucha envergadura pero también mucha velocidad y capacidad para defender en las cinco posiciones de la pista. Sus progresos han sido además constantes como generador y tirador, y ya es un excelente finalizador de jugadas. Tiene mentalidad de jugador de equipo y disfruta haciendo cosas, pequeñas y grandes, para que su equipo gane.

Los aficionados españoles quizá lo recuerden por aquel Mundial Sub-17 de Málaga. Estados Unidos derrotó a España en una vibrante final en la que Flagg acabó con 10 puntos, 17 rebotes, 8 robos, 4 tapones y 30 de valoración. Estuvo en el Mejor Quinteto (el MVP fue Izan Almansa) y promedió en el campeonato casi 10 punto, 10 rebotes, 2,9 tapones y 2,4 robos por partido para 19,4 de valoración en 19,6 minutos de media en pista. Tenía, conviene recordarlo, 15 años y era un torneo Sub-17. Ahora, maravilla contra algunos de los mejores jugadores de la historia en Las Vegas, se le espera como a una gran estrella en la prestigiosa Duke y afronta un año en el que será una de las comidillas en la NBA: un futuro número 1 de draft por el que habrá bofetadas.

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